Kime

En kimé todo nace.
En kimé todo muere.
Kimé es la vida del karate.

El maestro no deja de repetir siempre a sus discípulos : “¡Más kimé! ¡Más kimé!”. Los discípulos ejecutan entonces sus movimientos con más vigor y el maestro queda satisfecho.

-¿Kimé quiere decir fuerza?
-No. Kimé es esto.

(El brazo del maestro sale proyectado rápidamente en un movimiento de ataque.  De pronto, se clava en un punto en el espacio, donde está el imaginario blanco.  Su fijación es perfecta, precisa, impecable. Kimé)

-Literalmente, kimé es la terminación que resuelve un movimiento.  Piensen en un auto de carrera que se desplaza a 250 kilómetros por hora y que en un décimo de segundo se detiene: toda su velocidad se transforma en un golpe inmóvil.

-¿Kimé es el fin?
-Kimé es el principio.  El movimiento de karate nace en kimé, surge por obra y gracia del kimé.  Para el que practica el karate, kimé es el nacimiento y la vida.  Kimé también es la muerte.  No se olviden que en karate , teóricamente todo golpe debe ser mortal.  La energía se concentra en un solo punto y todo desaparece: el mundo es mío, el mundo es suyo.  Kimé es el Gran Vacío.

Cuando los japoneses tuvieron que enfrentar a los feroces ejércitos mongoles, iban a la batalla cantando:

kime “En el mundo no hay ni un centímetro de tierra donde posar un palo de punta.
Me regocijo en la nada de todas las cosas,
de mí mismo y del Universo entero.
¡Honor al sable de un metro y medio de largo que blanden los enormes soldados mongoles,
porque es como un relámpago
cortando la brisa de la primavera!”

-Maestro, si cada golpe es mortal, ¿se entiende que el karate es agresivo?
-¡No!  Los golpes de karate nunca deben ser malgastados en un capricho.  Hasta que salga su mano o su pie, usted tiene que aguantar, en el límite de su paciencia.  Una antigua poesía okinawense podría traducirse mas o menos así:  “Lo que tolera uno, lo pueden tolerar todos.  Pero el practicante debe tolerar aún lo que los demás no pueden tolerar”.  La agresividad se dirige contra el propio egoísmo: cuando repito las técnicas en el aire, voy sublimando mi violencia y me limpio por dentro.
-¿Y si se comete una injusticia, tampoco puedo castigar al culpable?
-Tradicionalmente, sí.  Pero usted tendría que estar seguro de que es una injusticia y de que es usted quien debe resolverla.  Como en realidad usted no sabe por qué el culpable se comporta de esa manera, en la práctica debe abstenerse siempre: no tiene derecho a ser un juez de nadie.  Sólo quien posee el alma débil reacciona con violencia ante un insulto.  Karate lo hace a usted fuerte, en consecuencia tiene el deber de soportar.  El Tao del Karate, el Karate-Do, permite una ética de suprema compasión y amor hacia todos los seres.