Archivo de la categoría: leyendas

Ishikawa Goemon

Ishikawa Goemon nació en 1558. Según la leyenda era un guerrero ninja que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, como un Robin Hood oriental, aunque hay muy poca información histórica sobre él. En parte es debido a ésto que se haya convertido, con el tiempo, en un gran héroe popular. Su fama creció durante el Periodo Azuchi-Momoyama, cuando Oda Nobunaga primero y Toyotomy Hideyoshi después, gobernaron Japón.

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Algunas leyendas hacen de él un ninja, alumno de Momochi Sandayu. Otras historias aseguran que fue un samurai renegado, convertido en ronin, llamado Kuranoshin Sanada.

En 1594, cuando Japón estaba en manos de Hideyoshi -calificado por la leyenda como un déspota- , Goemon consiguió entrar en el castillo Fushimi, donde vivía e intentó asesinarlo. Según una de las historias, el ninja-samurai se tropezó con una mesa encima de la cual había una campana. Esta sonó y alertó a los guardias, que le capturaron. Según otra historia, Toyotomi tenía un incensario mágico que le alertó del intruso.

La cuestión es que Goemon cayó prisionero y fue condenado a muerte. Su ejecución fue muy cruel. Condenado a morir hervido en un enorme caldero de aceite hirviendo, dicen que también arrojaron allí a su hijo. Él consiguió mantener a su hijo fuera, alzándolo con sus propias manos, evitándole la muerte horrible que él mismo tuvo… Y así murió, ejecutado enfrente de la puerta principal del templo de Nanzenji en Kyoto, el 24 de Agosto de 1594.

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Boduken y sus tres hijos


Boduken, gran maestro del sable, recibió un día la visita de uno de sus colegas. Con el fin de presentar a sus tres hijos al amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Boduken preparo una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante, de manera que este cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.samurai

Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Boduken llamó a su hijo mayor. Cuando este se encontraba delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto, agarró el jarro antes de entrar. Entró, cerró la puerta detrás de él, colocó de nuevo el jarro sobre el borde de la puerta, y saludó a los maestros.

– Este es mi hijo mayor – dijo Boduken sonriendo – Ya ha alcanzado un buen nivel, y va en camino de convertirse en un Maestro.

A continuación, llamó a su segundo hijo. Este deslizó la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por pelos el vaso que estuvo a punto de caerle sobre la cabeza, consiguió atraparlo al vuelo.

– Este es mi segundo hijo. – explicó al invitado – Aún le queda un largo camino por recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvaino su sable y lo partió en dos.

– Y este – añadió el Maestro – es mi hijo menor, es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.

EL DESTINO

Ya hemos tenido ocasión de hablar anteriormente sobre uno de los personajes más influyentes de la Historia de Japón, Oda Nobunaga. He aquí una interesenta historia que se cuenta sobre él.

En cierta ocasión los ejércitos de Oda se dirigían a una batalla en la que la superioridad numérica recaía claramente sobre el bando enemigo. Aún así Oda estaba convencido de la victoría, mas como veía que sus soldados albergaban dudas decidió hacer lo siguiente.
En el camino se detuvo en un santuario Shinto y le dijo a sus hombres: “Después de visitar el santuario arrojaré al aire una moneda. Si sale cara, ganaremos; si sale sello, perderemos. El destino nos tiene en sus manos”.
Nobunaga entró al santuario y ofreció una plegaria silenciosa. Salió y arrojó al aire una moneda. Salió cara. Sus soldados estaban tan ansiosos de combatir que ganaron fácilmente la batalla.

“Nadie puede cambiar la mano del destino”, le dijo su asistente después de la batalla.

“Claro que no”, dijo Nobunaga, mostrándole una moneda que tenía caras por ambos lados.

Sin duda una bonita leyenda, ¿no?. Osu!

Kuwada y los Kata

Kuwada y los Kata

Richard Kim, “The Weaponless Warriors”, 1974. Ohara Publications, USA.

Donde falte la moralidad del karate, no existe karate.

Hubo una vez un hombre así, llamémoslo Kuwada.
Kuwada había comenzado su entrenamiento en las artes marciales con el deseo de ser temido por todos los hombres. Pero pronto descubrió que no existían atajos en su camino desde principiante a maestro.
Desanimado por el entrenamiento incesante de kata, Kuwada le preguntó a su sensei, “Cuando aprenderemos alguna otra cosa? He estado aquí bastante tiempo y es kata, kata, kata todos los días.”
Cuando su sensei no le respondió, Kuwada fue donde el asistente del maestro y le hizo la misma pregunta. Este le respondió: “El entrenamiento de kata es para pulir la mente. Es mejor rasurar tu mente que tu cabeza. Entiendes?”
Kuwada no entendió y en protesta dejó el dojo, embarcándose en una notoria carrera como el mejor luchador callejero en Shuri. Era duro, sin duda. “Una pelea por noche”, era su dicho, siempre alardeaba “no le temo a ningún hombre viviente.”

Una noche, Kuwada vio a un extraño caminando calmadamente siguiendo una pared de rocas. Kuwada se irritó al ver tal compostura en otra persona. Corrió rápidamente al cruce de camino y esperó a que pasara el hombre.
Cuando lo hizo, Kuwada saltó y le tiró un golpe de puño, pero el hombre esquivó el golpe y le tomó el brazo. A medida que tiraba a Kuwada hacia él, lo miraba fijamente a los ojos. Kuwada trató de zafarse, pero no pudo. Por primera vez en su vida Kuwada sintió una sensación extraña, miedo a la derrota.
Cuando el hombre lo soltó, Kuwada corrió, pero miró por sobre su hombro para ver al hombre caminando calmadamente como si nada hubiese sucedido. Kuwada averiguó posteriormente que aquel hombre era un maestro de kata, un artista marcial que nunca en su vida había peleado.

Aquel que se domina a sí mismo es el más grandioso de los guerreros. Esta es la cosa más obvia para un maestro en las artes marciales.

LA LEYENDA DEL SAMURAI Y EL PESCADOR

LA LEYENDA DEL SAMURAI Y EL PESCADORswordofthesamurai

Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador. No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿”Qué tienes para decirme”?.
El pescador replicó, “Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.” El Samurai dijo, “Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer.”
“Lo siento”, dijo el pescador. ” Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.”
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: “Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero.” Y se fue.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta.
Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un samurai!
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: “Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano.”
Volvió a la entrada y dijo en voz alta. “He vuelto”. Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.
El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: “He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!”
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: “Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado.”