Ishikawa Goemon

Ishikawa Goemon nació en 1558. Según la leyenda era un guerrero ninja que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, como un Robin Hood oriental, aunque hay muy poca información histórica sobre él. En parte es debido a ésto que se haya convertido, con el tiempo, en un gran héroe popular. Su fama creció durante el Periodo Azuchi-Momoyama, cuando Oda Nobunaga primero y Toyotomy Hideyoshi después, gobernaron Japón.

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Algunas leyendas hacen de él un ninja, alumno de Momochi Sandayu. Otras historias aseguran que fue un samurai renegado, convertido en ronin, llamado Kuranoshin Sanada.

En 1594, cuando Japón estaba en manos de Hideyoshi -calificado por la leyenda como un déspota- , Goemon consiguió entrar en el castillo Fushimi, donde vivía e intentó asesinarlo. Según una de las historias, el ninja-samurai se tropezó con una mesa encima de la cual había una campana. Esta sonó y alertó a los guardias, que le capturaron. Según otra historia, Toyotomi tenía un incensario mágico que le alertó del intruso.

La cuestión es que Goemon cayó prisionero y fue condenado a muerte. Su ejecución fue muy cruel. Condenado a morir hervido en un enorme caldero de aceite hirviendo, dicen que también arrojaron allí a su hijo. Él consiguió mantener a su hijo fuera, alzándolo con sus propias manos, evitándole la muerte horrible que él mismo tuvo… Y así murió, ejecutado enfrente de la puerta principal del templo de Nanzenji en Kyoto, el 24 de Agosto de 1594.

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Boduken y sus tres hijos


Boduken, gran maestro del sable, recibió un día la visita de uno de sus colegas. Con el fin de presentar a sus tres hijos al amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Boduken preparo una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante, de manera que este cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.samurai

Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Boduken llamó a su hijo mayor. Cuando este se encontraba delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto, agarró el jarro antes de entrar. Entró, cerró la puerta detrás de él, colocó de nuevo el jarro sobre el borde de la puerta, y saludó a los maestros.

– Este es mi hijo mayor – dijo Boduken sonriendo – Ya ha alcanzado un buen nivel, y va en camino de convertirse en un Maestro.

A continuación, llamó a su segundo hijo. Este deslizó la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por pelos el vaso que estuvo a punto de caerle sobre la cabeza, consiguió atraparlo al vuelo.

– Este es mi segundo hijo. – explicó al invitado – Aún le queda un largo camino por recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvaino su sable y lo partió en dos.

– Y este – añadió el Maestro – es mi hijo menor, es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.

EL DESTINO

Ya hemos tenido ocasión de hablar anteriormente sobre uno de los personajes más influyentes de la Historia de Japón, Oda Nobunaga. He aquí una interesenta historia que se cuenta sobre él.

En cierta ocasión los ejércitos de Oda se dirigían a una batalla en la que la superioridad numérica recaía claramente sobre el bando enemigo. Aún así Oda estaba convencido de la victoría, mas como veía que sus soldados albergaban dudas decidió hacer lo siguiente.
En el camino se detuvo en un santuario Shinto y le dijo a sus hombres: “Después de visitar el santuario arrojaré al aire una moneda. Si sale cara, ganaremos; si sale sello, perderemos. El destino nos tiene en sus manos”.
Nobunaga entró al santuario y ofreció una plegaria silenciosa. Salió y arrojó al aire una moneda. Salió cara. Sus soldados estaban tan ansiosos de combatir que ganaron fácilmente la batalla.

“Nadie puede cambiar la mano del destino”, le dijo su asistente después de la batalla.

“Claro que no”, dijo Nobunaga, mostrándole una moneda que tenía caras por ambos lados.

Sin duda una bonita leyenda, ¿no?. Osu!

Kuwada y los Kata

Kuwada y los Kata

Richard Kim, “The Weaponless Warriors”, 1974. Ohara Publications, USA.

Donde falte la moralidad del karate, no existe karate.

Hubo una vez un hombre así, llamémoslo Kuwada.
Kuwada había comenzado su entrenamiento en las artes marciales con el deseo de ser temido por todos los hombres. Pero pronto descubrió que no existían atajos en su camino desde principiante a maestro.
Desanimado por el entrenamiento incesante de kata, Kuwada le preguntó a su sensei, “Cuando aprenderemos alguna otra cosa? He estado aquí bastante tiempo y es kata, kata, kata todos los días.”
Cuando su sensei no le respondió, Kuwada fue donde el asistente del maestro y le hizo la misma pregunta. Este le respondió: “El entrenamiento de kata es para pulir la mente. Es mejor rasurar tu mente que tu cabeza. Entiendes?”
Kuwada no entendió y en protesta dejó el dojo, embarcándose en una notoria carrera como el mejor luchador callejero en Shuri. Era duro, sin duda. “Una pelea por noche”, era su dicho, siempre alardeaba “no le temo a ningún hombre viviente.”

Una noche, Kuwada vio a un extraño caminando calmadamente siguiendo una pared de rocas. Kuwada se irritó al ver tal compostura en otra persona. Corrió rápidamente al cruce de camino y esperó a que pasara el hombre.
Cuando lo hizo, Kuwada saltó y le tiró un golpe de puño, pero el hombre esquivó el golpe y le tomó el brazo. A medida que tiraba a Kuwada hacia él, lo miraba fijamente a los ojos. Kuwada trató de zafarse, pero no pudo. Por primera vez en su vida Kuwada sintió una sensación extraña, miedo a la derrota.
Cuando el hombre lo soltó, Kuwada corrió, pero miró por sobre su hombro para ver al hombre caminando calmadamente como si nada hubiese sucedido. Kuwada averiguó posteriormente que aquel hombre era un maestro de kata, un artista marcial que nunca en su vida había peleado.

Aquel que se domina a sí mismo es el más grandioso de los guerreros. Esta es la cosa más obvia para un maestro en las artes marciales.

LA LEYENDA DEL SAMURAI Y EL PESCADOR

LA LEYENDA DEL SAMURAI Y EL PESCADORswordofthesamurai

Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador. No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿”Qué tienes para decirme”?.
El pescador replicó, “Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.” El Samurai dijo, “Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer.”
“Lo siento”, dijo el pescador. ” Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.”
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: “Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero.” Y se fue.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta.
Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un samurai!
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: “Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano.”
Volvió a la entrada y dijo en voz alta. “He vuelto”. Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.
El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: “He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!”
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: “Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado.”

La reunión de Artes Marciales de los Gatos

Taisen Deshimaru

Traducido del libro “The Zen Way to the Martial Arts”.

Hace 200 años, en Japón, antes de la Restauración Meiji, existió un maestro de Kendo llamado Shoken, su hogar estaba infestada por una inmensa rata. Esta es una historia inusual de gatos y ratas.

Cada noche la rata grande llegaba a la casa de Shoken y lo mantenía despierto. Tenía que dormir durante el día. Consultó a un amigo que se dedicaba a criar gatos, algo así como un entenador de gatos. Shoken le dijo, “Préstame tu mejor gato”.

El entrenador le prestó un gato de callejón, extremadamente rápido y un muy ávido cazador de ratas, con garras firmes y músculos de gran fuerza. Pero cuando se enfrentó cara a cara con la rata en la pieza, la rata no cedió terreno y el gato tuvo que darse la vuelta y correr. Había algo decididamente especial con aquella rata.

Shoken prestó entonces un segundo gato, uno de color gengibre, con un ki increíble y una personalidad agresiva. Este segundo gato no cedió terreno, de esta manera el gato y la rata lucharon; pero la rata lo superó y el gato tuvo que realizar una presurosa retirada.

Buscó un tercer gato, uno de color blanco y negro, lo enfrentó a la rata pero no corrió mejor suerte que los dos anteriores.

Shoken prestó un gato más, el cuarto; era negro, viejo y no estúpido, pero on era tan fuerte como el gato de callejón o el gato color gengibre. Entró al cuarto, la rata lo miró un poco y avanzó. El gato negro se sentó, muy imperturbado y se mantuvo completamente inmóvil. Uno titubeo cruzó la mente de la rata. Se acercó cautamente poco a poco; estaba sólo un poquito asustado. Repentinamente el gato lo agarró por el cuello, lo mató y se lo llevó arrastrando.

Posteriormente Shoken se fue a ver a su amigo entrenador de gatos y le dijo, “Cuantas veces he perseguido a esa rata con mi espada de madera, pero en vez de golpearlo me rasguñaba; como pudo tu gato negro deshacerse de él?”

El amigo le dijo, “Lo que deberíamos hacer es citar a una reunión y preguntarle directamente a los gatos. Tu eres un maestro de Kendo, tú haz las preguntas; estoy bastante suguro que todos entienden sobre artes marciales”.

Así que hubo una reunión de gatos, era presidida por el gato negro que era el más viejo de todos. El gato de callejón tomó la palabra y dijo, “Soy muy fuerte”.

El gato negro preguntó, “Entonces por qué no le venciste?”

El gato de callejón respondió, “Créanme, soy muy fuerte; sé cientos de diferentes técnicas para atrapar ratas. Mis garras son fuertes y mis músculos me dan un largo alcance. Pero esa rata no era una rata común y corriente”.

El gato negro dijo entonces, “Entonces tu fuerza y tus técnicas no se compararon con las de aquella rata. Tendrás mucho músculo y nuchas wasa, pero habilidad sola no fue suficiente. De ninguna manera!”

El gato jengibre habló: “Soy enormemente fuerte, estoy constantemente ejercitando mi ki y mi respiración a través de zazen. Me alimento de vegetales y sopa de arroz, por ello tengo tanta energía. Pero me fue imposible vencer la rata. Por qué?

El gato negro respondió, “Tu actividad y energía son grandes, es cierto, pero la rata estaba más allá de tu energía; eres más débil que la gran rata. Si estás fijándote en tu ki, orgulloso de ella, se transforma en algo así como grasa. Tu ki es sólo una explosión transitoria, no puede durar y todo lo que queda es un gato furioso. Tu ki puede compararse con agua que fluye de una llave; pero la de la rata es como un gran geyser. Esa es la razón por la cual la rata fue más fuerte. Aunque tengas un ki muy fuerte, en realidad es débil pues confías demasiado en ti mismo.”

Le llegó el turno de hablar al gato blanco y negro, quien también había sido vencido. El no era muy fuerte, pero era inteligente. Tenía satori, había terminado con wasa y utilizaba todo su tiempo practicando zazen. Pero no era mushotoku (eso es, sin metas ni deseos de ganancia), y él también se vio forzado a correr para sobrevivir.

El gato negro le dijo, “Eres extremadamente inteligente y fuerte también. Pero no pudiste vencer a la rata pues tenías un objetivo, de tal manera la intuición de la rata fue más efectiva que la tuya. En el instante que entraste a la pieza entendió tu actitud y estado mental y fue por eso que no pudiste vencerlo. Te fue imposible armonizar tu fuerza, tu técnica y tu conciencia activa; se quedaron separadas en vez de unirse en una.

“Mientras que yo, en un instante único, usé todas esas tres facultades inconcientemente, natural y automáticamente, y de esa manera me fue posible matar a la rata.

“Pero conozco un gato, en un pueblo no muy lejos de aquí, que es más fuerte aún que yo. El es muy, muy viejo y sus mostachos son grises. Lo conocí una vez, y ciertamente no hay nada que indique que es fuerte! Duerme todo el día. Nunca come carne ni siquiera pescado, sólo genmai (sopa de arroz), aunque a veces toma unas gotas de sake. Nunca ha atrapado una sola rata pues le tienen un miedo mortal y se arrancan de él como hojas al viento. Se mantienen tan alejados que nunca tiene la oportunidad de atrapar siquiera uno. Un día entró en una casa completamente infestada de ratas; bueno, todas las ratas desaparecieron ese mismo instante y se fueron a vivir en otras casas. Los podía espantar en sus sueños. Ese gato barbagris es misterioso e impresionante. Deben ser como él: más allá de las posturas, más allá de la respiración, más allá de la conciencia.”

Para Shoken, el maestro de kendo, esta fue una gran lección.

En zazen, ya estás más allá de posturas, más allá de la respiración, más allá de la conciencia.

El Discípulo de Musashi

El Discípulo de Musashi

Por Taisen Deshimaru

Del libro “The Zen Way to the Martial Arts” Penguin/Arkana.

Un samurai  fue a ver al legendario maestro Miyamoto Musashi y le pidió que le enseñara la verdadera vía de la espada. El maestro aceptó. Una vez su discípulo, el samurai utilizaba todo su tiempo, como le había ordenado su maestro, cargando y cortando leña y yendo a buscar agua desde un distante manantial. Hizo esto todos los días por un mes, dos meses, un año, tres años. En la actualidad cualquier discípulo se habría arrancado a la semana o hasta unas pocas horas, pero el samurai continuó, y en el proceso formó su cuerpo. Al final de tres años, a pesar de todo, se hartó y le inquirió a su maestro, “Qué tipo de entenamiento me está dando? No he tocado una espada desde que llegué. Ocupo todo mi tiempo cortando leña y cargando agua. Cuando me va a iniciar?”

“Está bien, está bien”, respondió el maestro. “Ya que lo deseas, ahora te enseñaré la verdadera técnica”.

Le ordenó que fuera al dojo y ahí, día tras día, desde la mañana hasta la noche, el discípulo tuvo que caminar alrededor de la orilla externa del tatami, paso a paso alrededor del salón sin nunca perder el paso.

Así pues el discípulo caminó alrededor de la orilla del tatami por un año. Al final de ese tiempo le dijo a su maestro, “Soy un samurai, tengo una larga experiencia con la espada y he conocido a otros maestros de kendo. Ninguno me ha enseñado de la manera que usted lo hace. Ahora, por favor, enséñeme la verdadera vía de la espada”.

“Muy bien,” dijo el maestro. “Sígueme.”

Lo guió lejos en las montañas a un lugar donde un tronco de árbol hacía de puente por encima de una quebrada profunda, escabrosa de profundidad aterradora.

“Muy bien,” dijo el maestro, “crúzalo.”

El samurai no entendía lo que su maestro quería decir; cuando miró hacia abajo, titubeó, retrocedió y no pudo convencerse de cruzar.

Repentinamente se escuchó un sonido de golpeteos detrás de ellos, el sonido del bastón de un hombre ciego.

El ciego, sin prestarles atención, los pasó y golpeteando se guió firmemente por encima del abismo, su bastón por delante.

“Ahh,” pensó el samurai, “Estoy comenzando a entender. Si el ciego puede cruzar así, yo debería poder también lograrlo.”

Y luego su maestro dijo, “Por un año completo has caminado vuelta tras vuelta alrededor de la orilla del tatami, que es mucho más angosto que ese tronco; deberías poder cruzar.”

Entendió y rápidamente cruzó al otro lado.

Su entrenamiento estaba terminado: tres años desarrolló la fuerza corporal; un año completo desarrolló su poder de concentración sobre una sola acción (caminar); y finalmente, encarando la muerte a la orilla del abismo, recibió su entrenamiento final de espíritu y mente.

Encuentro con una serpiente

Encuentro con una serpiente

Traducido del libro “My Way of Life” de Gichin Funakoshi

Existe en Okinawa una serpiente muy venenosa llamada habu. Afortunadamente su mordedura ya no es tan temible en la actualidad como lo era en mis años mozos, donde la única salvación para alguien mordido en la mano o pie era la inmediata amputación del miembro correspondiente. En la actualidad existe un suero efectivo, pero debe ser inyectado tan pronto como sea posible después de la mordedura. Nuestra habu okinawense, que llega a crecer a más de 2 metros, aún es una bestia que hay que evitar.

En los años previos al desarrollo del suero, me fui una noche a la casa del Maestro Azato para una práctica de karate. Esto ocurrió varios años después de mi matrimonio, y le pedí a mi hijo mayor, en aquel entonces en la escuela primaria, que me acompañase y que portase la pequeña lámpara que iluminaba nuestra ruta a través de la noche en la isla.

Mientras caminabamos a través de Sakashita, entre Naha y Shuri, pasamos un antiguo templo dedicado a la antigua y muy venerada Diosa de la Misericordia, llamada Kannon en japonés moderno. Justo después de pasar su templo divisé en el medio del camino un objeto que a primera vista creí eran excrementos de caballo, a medida que nos acercábamos me di cuenta que lo que veía tenía vida y no sólo viva sino anrollada lista para atacar, observándo enojadamente a nosotros los dos intrusos.

Cuando mi hijo vio aquellos dos agujeantes ojos brillando en la noche y luego aquella afilada y roja lengua saltando de su boca a la kuz de la linterna, gritó de terror y se abalanzó sobre mi, abrazándome las piernas en miedo. Rápidamente lo lancé tras de mi, le quité la linterna y comencé a balancearla lentamente de izquierda a derecha, con mis ojos clavados sobre los de la serpiente. No puedo, ciertamente decirles cuanto duró esto, pero finalmente la serpiente, todavía observándome, se deslizó hacia la oscuridad del campo de papas adyacente. Fue sólo en ese momento que pude ver lo larga que era y lo gruesa que era la habu.

Ya había , naturalmente, a menudo visto varias habu antes, pero nunca anterior a esa noche había visto una enroscada lista para atacar. Como todo Okinawense conocía sus desagradables hábitos, dudaba mucho que se hubiese ido tan sumisamente sin siquiera intentar atacar, así pues, aún terriblemente asustado, tomé la linterna por delante de mi y me adentré en el campo en busca de la serpiente.

Tan pronto como vi aquellos dos ojos brillosos reflejando la luz de la linterna me di cuenta que la habu de hecho me estaba esperando. Me había tendido una trampa y estaba lista para atacarme. Afortunadamente al verme y la linterna oscilante, abandonó su ataque y esta vez desapareció definitivamente en la oscuridad del cultivo.

Me pareció aprender una muy importante lección de la serpiente. Mientras continuabamos nuestro viaje hacia la casa de Azato, le dije a mi hijo, “Todos conocemos la persistencia de las habu. Pero esta vez ese no fue el peligro. La habu que encontramos parecía estar al tanto de las tácticas de karate, y cuando se adentró en la vegetación, no estaba huyendo de nosotros. Estaba preparando un ataque. La habu comprendía muy bien el espíritu de karate”.

MATSUMURA Y EL TORO

MATSUMURA Y EL TORO

De R. Kim, “The Weaponless Warriors”

Una historia muy famosa y muy contada (de diversas maneras), que tuvo mucha importancia en ganarle el título de bushi a Matsumura.

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La historia tuvo lugar en el reinado del rey Sho Ko, reinado marcado por intrigas cortesanas, corrupción y distribución del poder del rey en manos de un pequeño grupo de subordinados. Esta es una historia usual cuando el poder cae en manos de un líder de caracter débil.

Para mantener al pueblo tranquilo ante las constantes alzas de impuestos, el rey instituyó un evento anual de corrida de toros y artes marciales para entretener al populacho. Rápidamente se transformó en uno de los momentos cúspides del calendario local.

En un año en particular, luego que el rey había recibido un toro del Emperador de Japón, decidió hacerlo pelear con el mejor artista marcial de la isla, Matsumura. La proclamación del encuentro se regó a toda la isla, creando gran revuelo. La gente se olvidó de sus problemas y esperaron ansiosamente el combate del toro del rey y Matsumura en Aizo-Shuri.

Al escuchar del encuentro por decreto del rey, Matsumura decidió no tomar riesgos. Se encaminó hacia los establos del rey y visitó al cuidador del toro en su hogar. El hombre quedó completamente anonadado cuando vio a Matsumura, un hombre idolatrado por los okinawenses, considerado casi como un semi-dios. Sólo pudo mirarlo fijamente con los ojos desenfocados, aguantándo la respiración y boquiabierto.

“Podría ver al toro?”, preguntó Matsumura, intentando relajar al hombre.

“Lo que usted diga”, finalmente respondió incómodamente el cuidador y comenzó a guiar a Matsumura hacia el establo.

“Por favor no le mencione a nadie que he venido a ver al animal”, dijo Matsumura, “y asegúrese de que esté fuertemente amarrado”.

El cuidador lo miró extrañamente y asintió con la cabeza al tiempo que veía a Matsumura colocarse su equipo de batalla y una máscara. Asegurándose primero que el toro estuviese bien atado, Matsumura entró al corral y se acercó al animal cautelosamente. De su manga sacó una larga aguja y con ella punzó al toro en su nariz. La reacción fue estruendosa, el toro bramó ensordecedoramente y trató en vano de atacar a su atormentador. Matsumura satisfecho con los resultados, repitió este proceso cada día hasta que el toro aprendió a reconocerlo y a temerle.

Cuando llegó el día del encuentro, gente de toda la isla viajaron en masa hacia Aizo-Shuri, desde tan lejos como Hama-Higa. El aire estaba lleno de festividad y la gente se olvidó completamente de sus impuestos, en cambio, se preparaban para el espectáculo más grande sobre la Tierra: Matsumura peleando contra el toro de raza del rey.

Cuando el toro trotó al Arena, se produjo un silencio expectante y un sonido colectivo de admiración. Era un animal verdaderamente magnífico. Hasta el rey se debe haber preguntado si un ser humano podría vencer a tal bestia. El toro escarbó el suelo y resopló ferozmente y vítores surgieron del público. En una de las esquinas había aparecido Matsumura. Caminó lentamente hacia el toro, vestido en su equipo de batalla y máscara. Cuando el toro finalmente olfateó su aroma, dio un bramido de miedo y salió corriendo del Arena.

El público emitió un rugido estruendoso, nadie había visto ni escuchado de algo semejante en sus vidas, hasta el rey estaba asombrado, no se explicaba cómo Matsumura había logrado que el toro saliese sin siquiera haberlo tocado. Cuando finalmente recobró su compostura, anunció al público:

“Hoy por decreto real, Matsumura es nombrado ‘bushi’, en reconocimiento a su inusual habilidad en las artes marciales”.

De esta manera Sokon Matsumura llevó el título y nombre de “bushi” a la historia.

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